Joaquín Méndez

Tengo 48 años, vivo en Concepción y trabajo en logística administrativa para una sucursal de seguros. Hojas de cálculo en la mañana, llamadas de siniestros en la tarde, un trayecto de vuelta que se come el principio de la noche. De piano aprendí dos años siendo adolescente y lo dejé por los treinta siguientes.

En diciembre de 2023 compré un Yamaha P-45 de segunda mano con el bono de fin de año. El plan era un año serio. YouTube gratuito me funcionó unas seis semanas: en la séptima ya tenía la muñeca levantada sin saber si era técnica o un error que iba a costarme caro. Ningún vídeo en la lista lo aclaraba. Busqué algo con estructura.

Desde entonces pagué cuatro cursos de piano para adultos desde cero. Terminé uno. Abandoné dos dentro del período de reembolso: en uno empecé a sentir que las lecciones daban saltos que yo no entendía; en el otro la explicación de postura era básicamente lo mismo que ya había visto gratis. El cuarto lo tengo activo, en pausa técnica, a mitad del módulo de acordes. No soy profesor de música, no fui al conservatorio. Escribo aquí porque todos estos cursos se publicitan de la misma manera y alguien tiene que dejar los tiempos reales y las decisiones de reembolso en una página que no sea la del vendedor.